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31 de enero de 2016

El Joven rico

Muchas personas se arruinan en los tempranos años por una clase especial de valor, una especie de pasión deportiva, en la que una persona quiere 'probar' o demostrar su fuerza y resistencia en el empleo de bebidas alcohólicas. Naturalmente, uno mostraría mayor firmeza y fuerza - fuerza real y moral si pudiera realmente controlarse y no ceder ante esta mala ,tentación. Una persona Ortodoxa debe, con todas sus fuerzas, apartarse de seducciones pecaminosas y alejarlas de ella, recordando de qué manera el apóstol previene que las malas asociaciones destrozan la buena moral. Existe otro pecado carnal que, a primera vista, no parece tan ruinoso como la embriaguez y la depravación, pero que, sin embargo, es extremadamente peligroso. Este pecado es el amor al dinero. El apóstol dice literalmente que 'la raíz de todos los malos es el amor al dinero' El primer peligro para una persona que posee riqueza egoístamente es que esta misma riqueza es el acceso a todas las demás (exactamente como el ídolo de oro) al cual el ser humano se adhiere con toda su alma y todo su corazón, llegando a ser incapaz de arrancarse de su servicio. Vemos un ejemplo de esto en el Evangelio, en el hecho histórico del joven rico que no pudo seguir al Salvador, porque su vida estaba atada a su riqueza. Sobre este particular, Cristo dijo: 'Cosa difícil es para un rico, el entrar en el Reino de Dios.' Así, pues, la riqueza ciega al hombre, haciéndole su esclavo. Este peligro amenaza a todo aquél que se hace adicto de la 'adquisición' para lograr ganancia y tener esto como finalidad de la vida. Para prevenir este vicio del amor al dinero y que se desarrolle en la persona, es necesario enseñarle el desinterés Ortodoxo en sus primeros años. Todas las obras de un Cristiano Ortodoxo deben hacerse desinteresadamente o, como dice el Evangelio , por amor a Cristo. Como mencionamos anteriormente, de acuerdo con la Verdad Divina, la Verdad del Evangelio, no es la persona que ahorra posesiones para si, quien verdaderamente adquiere, sino que más bien es el que da a los demás en la batalla de la misericordia y preocupación por sus prójimos, quien verdaderamente gana. El que sirve a los demás en la lucha del Bien, no solamente les muestra la ayuda Cristiana Ortodoxa, sino que también su propia alma recibe beneficio, adquiriendo para él mismo un verdadero tesoro: en el Cielo.

 
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