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14 de octubre de 2018

Marta y María - Sermón del metropolitano Filaret (Voznesensky)

Más de una vez hemos hablado del Evangelio que relata la visita de Nuestro Señor Jesucristo a la casa de las piadosas hermanas María y Marta. Esa lectura evangélica se lee casi en todas las Liturgias de las fiestas dedicadas a la Madre de Dios durante el año. Hay solo una excepción, el día de la Anunciación. Ese día se lee el Evangelio que relata cómo el Arcángel Gabriel visitó a la Virgen María y le anunció que sería la Madre del Salvador del mundo. Por lo cual el Evangelio de Marta y María es el que más se lee en el año, porque son muchas las celebraciones de la Madre de Dios y también de las doce principales fiestas, muchas honran a la Virgen, por lo tanto, este Evangelio se repite todo el tiempo.

Por providencia divina todo ocurre con sabiduría y en la Iglesia nada es en vano. Si la Iglesia nos ofrece esta lectura con tanta frecuencia, significa que es especialmente importante para nosotros por su contenido. Los Santos Padres decían que cuando el Señor le dijo a Marta: “cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada: empero una cosa es necesaria” (San Lucas 10: 41-42), es decir, estás muy ocupada, hablas sobre muchas cosas, pero solo una es necesaria, esto se puede interpretar como que en vano ella intentaba arreglar su rica mesa y recepción, cuando en realidad ya alcanzaba con lo que había. Pero la idea principal está contenida en las palabras del Señor, cuando dice que María y no Marta “escogió la buena parte, la cual no le será quitada”. Es justamente María la que eligió la parte buena que no se le quitará. De esta manera, nuestro Señor de manera suave y delicada, pero categórica a la vez, no le habla a Marta sobre la comida –Marta le pide que María participe en saciar el hambre- sino que le indica que la buena parte la tiene María y que sería mejor que Marta tome su ejemplo y no al revés.

Ese es el eterno principio del Evangelio: lo eterno es superior a lo temporal y lo espiritual está por encima de lo material. ¡Pero intenten aplicar estas palabras al hombre contemporáneo! ¡Si se ve a las claras cómo se vive ahora! Se habla mucho sobre Dios y la fe en Dios, pero no dejan de ser palabras, palabras y más palabras… La humanidad vive una vida completamente ajena a ello. Pero nosotros los cristianos debemos recordar que si Jesucristo dijo que María y no Marta eligió la buena parte, entonces también nosotros debemos encaminar nuestra vida y dirigirla siguiendo el ejemplo de Santa María. Entonces realmente lo espiritual estará siempre y en todo lugar en primer plano, mientras que lo material, lo terrenal, lo temporal estará en segundo lugar. Solo así los cristianos podremos organizar nuestra vida como se debe, según las enseñanzas de nuestro Salvador, como corresponde que viva un cristiano evitando las tentaciones terrenales. Amén.

 
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