Iglesia Ortodoxa Rusa en la Argentina - EL JOVEN RICO
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26 de agosto de 2012

EL JOVEN RICO

No sólo es impresionante, a veces asusta predicar la Palabra de Dios, porque el Señor dijo: "Por tus palabras serás juzgado". Juzgados, porque proclamamos la Verdad de Dios y permanecemos indolentes y no hacedores de lo que el Señor ha mandado. Si sabemos lo suficientemente bien como para anunciar a los demás - entonces, ¿cómo estaremos ante el juicio de Dios? Esto no se aplica sólo al sacerdote, sino para todo cristiano que está llamado a ser un testigo, un apóstol, uno que trae la palabra de Dios a las personas que están en la oscuridad o la penumbra, que necesitan de la luz divina, la verdad y la vida. El Evangelio de hoy nos desafía a todos bruscamente. Comienza con las palabras que pueden ser interpretadas en más de un sentido: "¡Buen Señor! - ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?" Y el Señor responde: "¿Por qué me llamas "Bueno"? Bueno es sólo Dios". Él no dice: "Estás equivocado". No niega Su derecho a ser llamado Bueno porque Dios es bueno. Por lo tanto, para aquellos que tienen oídos para oír, para los que tienen un corazón capaz de percibir la bondad incomparable del Señor Jesús, superando toda bondad humana, toda belleza humana y la verdad – esto es un testimonio: Sí, tú estás hablando a tu Dios, y es tu Dios quien responde a tu pregunta. Entonces Cristo nos da dos indicaciones. La primera es: si tú deseas tener la vida eterna, guarda los mandamientos. Los mandamientos de Dios no son solo reglas de conducta (aunque, por supuesto, son tal), sino como uno de los Salmos dice, debe estar en la parte más íntima de nuestros corazones. Debemos llevarlos a cabo desde lo más profundo de nuestro corazón: no porque se nos manda desde fuera, sino porque han llegado hasta nosotros con el anillo de la verdad, no porque Dios ha hablado, sino porque con todo nuestro ser hemos contestado "¡Amén!" Esto es cierto, esta es la vida, este es el camino a la vida eterna. Cuando escuchamos a Cristo mencionar estos Mandamientos - ¿dónde estamos? ¿Quién de nosotros puede decir que fue fiel a cada palabra de esta corta lista que indica que sin ella no podemos vivir? ¿Dónde nos encontramos? Yo, que estoy predicando, ustedes que están escuchando, porque es tan responsable escuchar como hablar. ¿Con qué frecuencia pensamos - como este joven, y con muy poca razón - que queremos la perfección? Queremos la perfección sin haber primero puesto un pie en el camino de los mandamientos. Pero Cristo nos dice con toda claridad: "Si quieres la perfección - entrega todo lo que posees." No son sólo las cosas materiales lo que podemos dar: cada uno de nosotros tenemos tesoros acumulados en la mente y corazón, en el alma; cosas que son más importantes para nosotros que cualquier cosa material, esa es nuestra riqueza. Cada uno de nosotros debe volverse hacia adentro y preguntarse: "¿Qué hay allí que se ha vuelto es mi tesoro peculiar? ¿Qué son esas cosas que incluso no daré por la vida eterna, por Dios?". No ponemos las cosas de forma tan cruda, pero nos abrazamos a ellas que son muy preciosas para nosotros, y todavía tenemos esperanza de entrar en el Reino de Dios, de llegar a la perfección, convertirnos con toda plenitud en lo que somos llamados a ser, la clase de personas de las cuales Dios soñó cuando nos creó - y no es cierto. En el libro de Apocalipsis hay un pasaje que dice: "Sólo tengo una cosa contra ti - has olvidado tu primer amor". Y este primer amor, en efecto, para cada uno de nosotros, es el Dios Vivo, a quien llamamos de muchas maneras: podemos llamarlo 'Vida', podemos llamarlo "Cumplimiento", podríamos llamarlo 'Felicidad', podemos llamarlo por todos los nombres que significan para llegar a la plenitud de nuestro ser. A veces sabemos que sólo en Dios todo es posible, a veces imaginamos que podemos superarnos nosotros solos - a pesar de todo, este es nuestro primer amor: llegar a ser tan grande como Dios nos ha soñado, nos ha deseado. Y no seguimos los mandamientos porque creemos que podemos lograrlo de una manera más simple, y no regalar todo lo que tenemos, es decir: lo único que no estamos dispuestos a dar, con la esperanza de que Dios nos aceptará junto con nuestra carga. Vamos a reflexionar sobre esta historia. Esto ni siquiera es una parábola, es algo que le ha sucedido a un hombre joven. Nos pasa a todos nosotros cuando Dios dice: "¿Has sido fiel a la forma de vida que he te descrito en los términos de los mandamientos, cómo se puede trazar un camino por hitos? ¿Quieres alcanzar la plenitud - comienza en ese punto ". Y si eres consciente de haber sido fiel en estas cosas, entonces hazte la siguiente pregunta: ¿cuál es el tesoro que no voy a regalar, incluso para la vida eterna? El joven escuchó las palabras de Cristo, y se fue triste. Él tenía muchas posesiones terrenales, pero nosotros tenemos muchas posesiones que no son materiales y que son nuestra carga, nuestros grilletes. Y, sin embargo, no hay en esta historia una cosa que nos puede dar mucha esperanza. Cristo no condenó a este hombre joven, Cristo lo dejó ir sin una palabra de reproche, porque lo que él había dicho fue como una semilla sembrada en la mente y el corazón de este joven. Él lo dejó ir con el corazón herido, con su mente confundida, llamado a ser él mismo por un acto de voluntad heroica y rendirse, dejar de sí mismo, como dijo Cristo, dar todo y seguirlo a Él. ¿A dónde? A lo largo del camino de la vida humana, por un lado, y por otro - hacia la plenitud de la vida eterna. Cuando Cristo nos dice: "Sígueme", Él no nos llama a caminar un camino aterrador, oscuro, Él dice: "He pisado todo este camino, conozco cada curva- puedes seguirlo con seguridad. Yo soy como el buen pastor que camina delante de su rebaño, enfrentando todos los peligros, de modo que las ovejas pueden estar seguras". Todos iremos a casa como el joven, tal vez tristes, porque tampoco estamos guardando los mandamientos, ni somos capaces de regalar nuestro tesoro más preciado: pero recuerden - no estaremos condenados, hemos sido enfrentados a una elección final, y mientras podamos luchar en la tierra - hay tiempo. Pero no nos dejemos engañar por la longitud de tiempo: el tiempo vuela, el tiempo pasa - no permitas que sea demasiado tarde, volvamos a la vida, seamos todo lo que somos capaces de ser. La respuesta al Evangelio de hoy es muy claro - "¿Y quién podrá ser salvo?" - Para el hombre no es posible por nuestra propia fuerza, pero para Dios, todas las cosas son posibles". Esa es nuestra esperanza: Dios está con nosotros, y nada es demasiado para nosotros Amen.

 
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